En el Día de la Mujer boliviana, que se conmemora hoy 11 de octubre, en honor a Adela Zamudio, excelsa figura de la literatura nacional y pionera del pensamiento feminista en Bolivia. Retomo este espacio concebido, principalmente, como un ejercicio de reflexión, de diálogo interno -por qué no decirlo, pues el ejercicio de la escritura es básicamente, un diálogo ordenado, estructurado que tiene que ver con la conciencia- con los temas que nos interpela y que considero esenciales para la vida.

Entre los sucesos de la vida que más me conmueven, figura el de la violencia. Esa violencia estructural, la cual no hemos podido como sociedad disminuir ni mucho menos erradicar: La violencia hacia las mujeres y los niños. Una situación que día a día lacera y produce impotencia, a todas aquellas personas sensibles y comprometidas con la vida y los derechos humanos. Y resuena en mí una frase que acompañaba a una campaña contra la violencia que decía así: “Nos están matando” y me impactó mucho, por el realismo de la afirmación.
Si, hoy en el Día de la Mujer, siento el compromiso de elevar mi voz contra este flagelo, que ocurre día a día en Bolivia, clasificado como “uno de los países más violentos para las mujeres”, según la agencia Efeminista.

Según datos recogidos por esta agencia, de enero a septiembre se habrían perpetrado, “81 feminicidios y 27 infanticidios registrados en Bolivia en lo que va de año”, a los que la Fiscalía General del Estado ha calificado de “alarmantes”, las cifras de mujeres y niños asesinados en este 2021. Cifra que, por cierto, va en escalada y se concentran en las ciudades del eje troncal La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.

¿Cómo poder comprender de dónde surge este ensañamiento? Una de las más diáfanas pensadoras contemporáneas, es sin duda Rita Segato, para quien “el patriarcado moderno tal y como lo conocemos hoy, (…) es el patriarcado de máxima letalidad” (Segato, 2015b) Es decir que esta estructura cuasi arcaica, como señala refiriéndose al patriarcado, es el causante de esta violencia en razón de género. “Todos los crímenes contra las mujeres están contenidos por la gran simbólica de género, por la gran estructura patriarcal, todos tienen el esquema de género en su subterráneo”. Es esta estructura patriarcal, alimentada por la exacerbación del individualismo, la que ha creado ese inconsciente colectivo de que una mayoría de hombres se sienta dueños o propietarios de los cuerpos y las vidas de las mujeres. Esta ideología patriarcal, se ha visto fortalecida por las estructuras y pensamiento colonial, dice Segato.

Si bien, Segato declara, pesimista, que el movimiento feminista habría fracasado, hasta el momento, en la eliminación de la violencia, algunas nos preguntamos el por qué, y comprenderemos que la lucha contra este flagelo, es sumamente compleja y difícil, más aún cuando el accionar político se concentra únicamente en el aspecto jurídico y se descuida, se ignora o pasa a último plano, el cambio social, a través procesos educativos y profundamente reflexivos orientados a cambios sociales, estructurales, culturales, individuales y colectivos.